Según la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) realizada por el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) en 2012/2013 (enlace a los resultados de la encuesta), el argentino promedio gasta 1709$ al mes, incluyendo alimentos, servicios, transporte, gastos médicos, etc. Aunque intuyo que en la realidad empírica el gasto per cápita mensual es aún mayor, quise ajustarme a un número duro que estuviese burocrática y oficialmente establecido. Si una persona vive con 1709$, significa que consume esa cantidad de valor, por decirlo de alguna manera. Entonces, en un año, una persona promedio en Argentina consume 20.508$ para poder mantenerse con vida (gasto mensual x 12). Siguiendo este cálculo sumamente abstracto, porque los consumos van variando, los precios cambian, y según el individuo hay más o menos gastos, se puede decir que en 20 años una persona invirtió en su subsistencia 410.160$ (gasto anual x 20). A esto se le puede agregar una plusvalía, para pagarle el servicio de cuidado y atención que realizaron los padres o los tutores a cargo. Entonces, una persona que vive en Argentina, que tiene 20 años, basándonos en la información de gastos económicos otorgada por el INDEC, y agregándole un valor extra como ganancia para sus propietarios legales, podría valer unos 717.780$. Una persona de 30 años valdría unos 1.107.432$.
Me parece saludable vernos a nosotros mismos como productos materiales, como resultado de la inversión de energía, tiempo y dinero, no con el fin de hacer una crítica por la "cosificación" del cuerpo o las personas, sino para ser conscientes de que aunque nos vistamos y escribamos libros y organicemos conciertos de rock, no somos distintos a una planta o a una piedra: dependemos de innumerables factores, somos el producto de incontables fuerzas que se combinan y se repelen constantemente. Para llenar nuestros cuerpos de vida, tenemos que invertir la vida de los demás, y pienso que está bueno saber eso, para poder invertirla de manera cuidadosa, empática.
Al video quise hacerlo bien "groncho", onda esos comerciales que pueden encontrarse a las tres de la mañana en la tele, pasando una y otra vez, absurdamente. Tratarnos tan frívolamente a nosotros mismos como a una licuadora o a un peine que tira luces celestes para estimular el crecimiento del cabello, podría servirnos para bajarnos un poco de ese pedestal evolutivo en que muchos individuos humanos nos sentimos.



